2020 · Estudio · Valencia ·

Truman Digital

El estudio de diseño y desarrollo con el que empezó todo. Cinco personas, seis años y la decisión consciente de no crecer más.

Truman Digital es un estudio de diseño y desarrollo web y de apps fundado en Valencia en 2020 por Dani Marquina. Trabaja el diseño y el código a medida —sin plantillas ni temas preestablecidos— para clientes como Mallorca Live Festival, Ceylan, Base85 o la Fundación de Investigación del Hospital General de Valencia. Desde el estudio se han creado además dos productos propios, Klapper y Seahaven. Lo forman cinco personas y opera desde el barrio de Ruzafa, con una decisión deliberada detrás: no crecer más, para poder escoger proyectos, cuidar el detalle y dedicar capacidad a construir producto propio en paralelo. Su proceso tiene seis fases y una regla innegociable: el cliente aprueba un prototipo navegable antes de escribir código.

Por qué lo monté

Quería hacer el trabajo que hacen las grandes agencias sin el peaje de las grandes agencias: capas de gestión, gente que vende lo que no va a construir y clientes que nunca hablan con quien toca su proyecto. La apuesta era simple: si el equipo es pequeño y bueno, puede competir en calidad con estructuras diez veces mayores.

El nombre viene de El Show de Truman. Suena a licencia creativa, pero define bastante bien la actitud: no dar por buena la escenografía que ya viene montada.

La decisión de no crecer

La pregunta que más me han hecho estos años es cuándo vamos a ser más. La respuesta es que crecer no es un objetivo, es una consecuencia que hay que elegir. Con cinco personas podemos escoger proyectos, cuidar el detalle y dedicar tiempo a construir producto propio. Con veinte tendríamos que llenar agendas — y entonces el estudio trabajaría para la nómina, no para el trabajo.

Tiene su precio: rechazamos proyectos, no cogemos todo lo que entra y hay meses de decir que no. A cambio, lo que sale de aquí lo ha tocado gente que sabe lo que hace.

Qué hemos aprendido

  • El problema casi nunca es técnico. Los proyectos que se tuercen lo hacen por expectativas mal puestas, no por código.
  • El presupuesto cerrado protege a todos. Cerrar alcance y precio antes de empezar evita casi todas las conversaciones incómodas que vienen después.
  • Automatizar la operativa da margen. Todo el tiempo que no se va en informes y gestión se va en el trabajo por el que te pagan.
  • Decir que no a tiempo sale más barato que decir que sí a medias. El proyecto que aceptas sin creer en él acaba costando el doble de energía y la mitad de orgullo.
  • El cliente no compra horas, compra tranquilidad. Lo que más valoran los que repiten no es el entregable: es no tener que estar encima.

Cómo trabajamos

Un estudio pequeño solo funciona si el proceso es serio. El nuestro tiene seis fases —análisis, arquitectura, diseño UX/UI, desarrollo, testing y mantenimiento— y una regla que no negociamos: el cliente aprueba un prototipo navegable antes de que escribamos una línea de código. Suena a burocracia y es justo lo contrario: es lo que evita rehacer semanas de trabajo porque nadie se imaginaba lo mismo.

Trabajamos con WordPress cuando el proyecto lo pide, con Laravel y Angular cuando se queda corto, y con Ionic para las apps. Ninguna de esas decisiones es ideológica: la tecnología se elige por el caso, no por la moda ni por lo que domina el equipo esa temporada.

Y hay una parte que casi ninguna agencia cuenta: el mantenimiento. La mayoría de nuestros clientes siguen con nosotros años después del lanzamiento, y eso condiciona cómo construimos. Cuando sabes que vas a mantener algo durante cinco años, escribes el código de otra manera.

Lo que vino después

Un estudio que funciona genera algo más valioso que facturación: criterio y tiempo. Con eso construimos Klapper primero y Seahaven después.